Hace un mes tuve un sueño que se sentía muy real. Uno de esos en los que hay un silencio muy puro y que hasta podrías jurar que puedes oler las fragancias del ambiente. La luz era muy brillante; a lo lejos parecía hecha por una infinidad de hilos, y de un hermoso verde metálico donde era reflejada por el rocio de las plantas. Paradójicamente los objetos y el color de la ropa de las personas se veían deslavados por esa luminosidad.
Estaba maravillado, pero al tomar conciencia de ese lugar, sabía que estaba por acabar mi ensoñación. Desesperadamente miré hacia los lados tratando de capturar todos los detalles de ese lugar para no olvidarlo. Lo que más me llamó la atención fue un cartel con una mujer vestida de negro a través de los vidrios de una especie de oficina. Al final de esa ventana había una entrada con unas escaleras y una puerta abierta donde estaba parado un pequeño grupo de personas como si estuvieran esperando que algo diera comienzo.
Al despertar, apunte todo lo que había visto porque sabía que tenía que hacer algo en ese lugar; aunque nada en el sueño me lo había indicado.
Curiosamente, pude ver poco a poco que todas las claves que necesitaba para descubrir ese lugar estaban en la realidad. De hecho fue un evento que sólo ocurriría una vez en la vida el que me llevó a encontrarlo. ¿Cómo podría ser esto posible? Seguramente mi subconsciente ya conocía todos los detalles porque todo estaba a un paso de mí.
Tratar de explicar un sueño se vuelve vano cuando las preguntas que me inquietaban eran otras: ¿realmente voy a ir e ese lugar sea el destino o no? ¿Voy a tener un romance con ella?
Por un lado, después de todo, sólo era estar en ese lugar a esa hora para averiguarlo. Pero por el otro, todo esto era una verdadera locura. ¿Cuál sería el tamaño de mi curiosidad o del aburrimiento en mi vida que decidí hacerlo?
A partir de ahí, pensé que las cosas fluirían de forma automática. Después de todo, era algo que tenía que pasar. Pero ocurrió todo lo contrario... todo parecía que se movía para no dejarme cumplir mi misión. Al ir a recoger la pieza clave de este rompecabezas, perdí la tarjeta de crédito que era indispensable para comprobar la compra electrónica. No lo puedo creer, ¡hasta terminé desperdiciando dinero! Eso me dolió al punto de casi desistir, pero las dificultades lo convirtieron en algo personal. No importaba que tuviera que gastar más dinero o volver a comprar las cosas varias veces. Incluso iba a emplear todo el tiempo que fuera necesario.
Sería atrevido decir que hasta el tránsito del Distrito Federal y las eternas paradas del metro me obstaculizaron el día de la cita, pero supongo que era de esperar congestionamientos en una de las ciudades más pobladas del mundo. Aún así, dos veces dentro de los vagones repetí la frase "Déjame llegar" a forma de ruego. Recuerdo que estuve a punto de pedirle al taxista que me llevó en la última parte del recorrido que no hiciera caso a los semáforos que se reusaban a mostrar la añorada luz que me dejaría llegar por fin y que corriera lo más rápido posible porque el tiempo se me estaba agotando.
Finalmente, con mucha paciencia y una gripa a cuestas, estuve ahí con todo y sólo unos segundos antes de la hora. Subí las escaleras y ahí estaba ella, ahora con un vestido rojo que hacia palidecer a las demás mujeres. Me vió, no dijo nada y volteó rápidamente para el otro lado. Creo que hasta le molestó que su mirada se hubiera cruzado con la mía.
Por un momento me quedé pensando: ¡Hice todo! ¿Ahora qué? Y de pronto mi alma se tranquilizó como cuando terminé mis estudios. Con ese sentir supe que mi deber ahí había terminado. Lo malo es que no sabía cual era el propósito de todo o si realmente algo había sucedido.
Ahora que estoy escribiendo esta historia en mi blog, tratando de entender algo suprarrealista, me pregunto: ¿Será este post otra pieza que cae del dominó o realmente acabó todo? Tal vez ahora soy yo quien quiere provocar las cosas lanzando esta botella al mar.
Jorge Machin - 2008